La niña del salto, de Edgar Borges

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«A veces Antonia pasaba horas sentada en el váter; lo hacía para restarle tiempo a la convivencia con su marido», así comienza esta novela en la que Edgar Borges deja claro desde el principio que Antonia, la protagonista, no vive una relación conyugal envidiable. Unas páginas más tarde esta idea se reafirma: «Antonia volvía justo a la hora en la que tenía que preparar el almuerzo. Y si llegaba más temprano, conducía lentamente alrededor de la plaza, todo para no llegar a casa ni un minuto antes de tiempo».

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