Insomnio, de Daniel Martín Serrano

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«… el verdadero sentido de su trabajo era ese, conseguir que Samuel y los niños como él pudieran jugar tranquilos, sin miedo a que alguien pudiera hacerles daño, convencidos de que el mundo, su mundo, era un lugar seguro y vigilado, sobre todo porque él se encargaba de que así fuera.» (pp.493-494). Mientras tanto, Martín Serrano se ha encargado de tenerme con el alma en un puño sufriendo por Tomas y sus malditos problemas de insomnio. A ver, entonces… cuando eres adulto te das cuenta de que personas como Tomás (¿buenas?) quieren para sus hijos la seguridad que con el  paso de los años ellos mismos han descubierto que nunca hemos tenido. Pues solo me queda recurrir a esa expresión tan castellana que comienza con «ajo» y termina con «dersetoca».

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Irene
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