Carmen Mola. El lío está servido

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Recientemente se ha conocido el nombre de la ganadora del Premio Planeta 2021: Carmen Mola. Todo correcto. El seudónimo tras el que se escondía alguien ya tenía en cartera tres novelas publicadas desde 2018 hasta 2020, a saber: La  novia gitana, La red púrpura y La nena. Además la editorial para la que escribía hasta el este premio, Alfaguara, anunció que en 2022 saldría a la luz el cuarto libro de esta saga, que llevará por título Las madres. Todo sigue siendo correcto, pero esperad… en 2021 ha ganado este prestigioso premio literario y publica con Planeta (grupos editoriales rivales donde los haya, los dos grandes del panorama literario español que cuentan con cerca de cincuenta sellos, Penguin, y más de cincuenta, Planeta).

            ¿Le ha robado Planeta a Penguin a la escritora revelación de los últimos años? Pues este año no es tan fácil la historia como en otras ocasiones. En otras ediciones han sido sonados esos robos de superventas, también sin la necesidad de certámenes de por medio. El sector editorial, al margen del sentimiento literario, es un sector más de la economía y, como en todos ellos, las empresas quieren tener a los mejores, a los más rentables, a los más capaces, en definitiva, a los que más ingresos a final de año signifiquen.

            La cuestión es que el premio literario de este año ha estado envuelto en una polémica mayor, y mucho más sonada socialmente, que en otras ocasiones. Carmen Mola que el para el público en general era una auténtica desconocida se ha visto obligada a dar a conocer su identidad real. La que se escondía detrás del seudónimo ha resultado ser no una persona, sino tres por el mismo precio (un millón de euros): Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero, escritores y guionistas españoles los tres. La polémica está servida.

            Atrás quedaron los años en los que las mujeres se veían obligadas a firmar sus obras con seudónimos masculinos para tener una oportunidad en el mercado. Charlotte Brontë fue durante un tiempo Currer Bell, vivir en la época victoriana siendo mujer no parecía una gran ventaja, pero si además pretendías hacerte un hueco en cualquier mundo reservado a los hombres… no era el camino fácil  precisamente, así que esta Brontë se buscó las habichuelas. Su hermana Emily Brontë también optó por esta alternativa, haciéndose llamar Ellis Bell; y como no hay dos sin tres, Anne Brontë fue Acton Bell. De las tres, Charlotte fue la más conocida y productiva. Por si no se han dado cuenta, C. B., E. B. y A. B. son las iniciales de nombres reales y seudónimos y, más llamativo, las identidades ficticias, como en la vida real, compartían apellido. Otros hombres de renombre que no lo eran (hombres): George Sand (Amantine Aurore Dupin), George Eliot (Mary Anne Evans), nuestro Fernán Caballero (nuestra Cecilia Böhl de Faber). O la mundialmente conocida J. K. Rowling que después de la serie de Harry Potter (gracias por escribirlo) pasó a escribir como Robert Galbraith (y ya lleva cinco títulos publicados con seudónimo, no debe de hacerlo del todo mal).

            Ahora Carmen Mola nos ha escandalizado. ¡Ea! ¿Por qué? No son los primeros ni serán los últimos hombres que escriban bajo una identidad ficticia con nombre de mujer. Jessica Stirling y Victoria Gordon (ambas de novela romántica) eran en realidad Hugh C. Rae y Gordon Aalborg, respectivamente. Amelia Drake (novela infantil) tenía a dos hombres en sus manos: Davide Morosinotto y Pierdomenico Baccalario. Brunette Coleman (novela erótica) escondía a Philip Larkin. O el caso del escritor argelino Mohammed Moulessehoul que después de utilizar su nombre real escribió con el seudónimo de Yasmina Khadra.

            Casos y más casos en los que unos y otras han elegido adoptar una personalidad literaria que ocultara su realidad y lo habrán hecho por motivos diferentes: hacerse un hueco en sectores destinados al otro género, reivindicar capacidades, vergüenza por escribir determinados géneros (puede ser que este sea otro motivo), mantener una vida personal discreta y al margen de famas o similares (este es mi caso…), transgredir las normas establecidas… El caso es que en este momento Carmen —con Jorge, Agustín y Antonio— bajo sus faldas (en sentido protector, no busquen más pies al gato) ha organizado una buena con eso de ser mujer y en realidad ser hombre, tres.

            No han faltado las chanzas: tres hombres han sido necesarios para enfrentarse a una sola mujer o el hombre ya no rinde como la mujer, tres han sido necesarios… Pero ¡ojito! No perdamos uno de los puntos a tener en cuenta y al que ya me he referido al comenzar estas palabras mal puestas: negocio. Alfaguara tiene amarrada una cuarta novela de Carmen Mola y Planeta ha aprovechado el tirón de sacar a la luz una identidad que ya era parte de la vida de los lectores de novela negra con tan solo cuatro añitos de existencia. ¿Quién gana y quién pierde? De momento no ha perdido nadie. Alfaguara con un pack edición especial de las tres novelas ya publicadas de la susodicha y la promesa de Las madres para 2022. Planeta se lleva a la autora, a los autores… al «dulce literario del momento» para estas Navidades y lo que venga. Los tres protagonistas de la historia, si no son engullidos por la maquinaria editorial, tienen tirón para rato, porque al final, lo que cuenta para los lectores empedernidos (como esta humilde apasionada de la literatura) es que estos señores, en su género —literario— tienen capacidad para escribir historias que transmiten.

            Larga vida a la literatura.

Irene Muñoz Serrulla

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