«Breve discurso sobre la cultura», de Mario Vargas Llosa

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«Breve discurso sobre la cultura», del escritor y Premio Nobel de Literatura Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nos presenta una idea central: El devenir de la cultura y su concepto con el paso de los años y las diferentes reinterpretaciones que de significado y significante se han ido estableciendo, para terminar particularizando en la Literatura y la Crítica Literaria, entendidas ambas como disciplinas básicas del saber.

La estructura del texto es clara y hace uso de las partes habituales (introducción, cuerpo y conclusión) sin intentar despistar al lector de lo importante de su escrito, es decir, el desarrollo de la propia idea. Utiliza un vocabulario preciso y medido, con términos propios de la temática, pero con chascarrillos y dichos coloquiales que acercan el texto a un público más amplio, sin perder de vista que no está escrito para todo tipo de público, pues el vocabulario característico puede limitar la comprensión sin ayuda de diccionario y algunos conocimientos iniciales sobre lo expuesto.

La idea central (la pérdida de la esencia de la cultura por transformarla en algo que abarca a todo tipo de personas, sean cultas o no atendiendo al canon establecido en tiempos pretéritos) se va exponiendo y desarrollando con la visión que los diferentes grupos sociales, profesionales… han ido desarrollando en diferentes épocas. Para argumentar y enfatizar, se sirve de autores, obras, ejemplos… que dan solidez a su argumento y a su defensa de la cultura como valor y no como mera palabra que ha perdido su importancia, su naturaleza y su trascendencia al haber sido allanada para no excluir a nadie de su posesión o englobar a todos en su desposesión. Este uso de recursos literarios de diferentes pensadores, facilita la comprensión y abre las puertas a buscar más información para completar su exposición y poder forjarse una opinión particular sobre el asunto.

El paso del concepto de cultura a la particularización de los ejemplos sobre crítica literaria se produce de una manera tan natural y sencilla, que no es hasta el final de la lectura cuando el lector es consciente de este paso, de esta concreción, y es entonces cuando conviene preguntarse si este sutil uso envolvente de las palabras para llevarnos al terreno en el que Vargas Llosa quiere explayarse no sería el mismo ardid que Batjín utilizó para destruir la frontera entre cultura e incultura, que dio paso a la valoración de la segunda como algo que es digno de vanagloria y de codearse con la cultura a su mismo nivel.

El problema que identifica Vargas Llosa es que ese nivel al que se ha llevado a cultura e incultura es de mínimos y que hemos aprendido, interiorizado y normalizado que lo perjudicial para mente, cuerpo y alma es lógico solo por el mero hecho de ser extensible a la mayoría, como la cultura.