Signos de puntuación… esos locos incomprendidos

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Reconozco que pueden ser una tortura. Pero su uso descuidado puede generar malentendidos (ni malosentendidos, ni malos entendidos) difíciles de salvar. Una simple coma tiene el poder de salvar la vida de un condenado a muerte, así me lo enseñaron cuando era muy pequeña: «»inocente no, ahorcar», y esa coma le costó la vida porque en realidad era «inocente, no ahorcar»».

La escritura es igual que la vida, debemos saber cuándo poner un punto y seguido o un punto y final; cuándo dejarlo en suspenso, o seguir adelante, o terminar; debemos saber cuándo sorprendernos (al principio y al final en español), cuándo preguntarnos y, más allá, cuándo sorprendernos preguntándonos…

La magia de los signos de puntuación es tal que podemos construir sin ellos, para que el lector construya su historia.

Juguemos… Construid, solo si queréis, vuestra historia a partir de este poema:

 

TE PIDO PERDÓN (© Irene Muñoz Serrulla)

 

aunque puede que no lo entiendas o que ni siquiera sepas que te lo pido a ti

 

porque dejé morir mi alma y solo entregué el cuerpo a esta vida

que nunca quise

porque un mañana desperté con un agotamiento absoluto

del que jamas me recuperé

 

todos los esfuerzos por recuperar a aquella persona que fui

fueron estériles

aquella sonrisa aquella vitalidad aquellas ganas de levantarme tras cada caída

aquella persona que fui ya no se recuperó nunca

quizá fueron las enfermedades ocultas del cuerpo

quizá las del alma

quizá esta cabeza no quería volver a recuperar a aquella persona

cómo saberlo ahora

 

y llegó un día agotador desde el despertar

e intenté seguir adelante pero algo cambió

y al día siguiente lo mismo y al tercero igual y supe que te estaba destruyendo

y no pude más

y dejé morir mi alma por salvar la tuya por dejar vivir tu sonrisa

por tus ojos inteligentes llenos de interés llenos de travesuras

 

te pido perdón porque dejé que tus intentos murieran antes de llegar

porque tus mensajes

acicates tantas tardes

ya no tenían mi permiso para despertarme de este letargo de mi alma

que no supe ahogar en tu sonrisa ni en tu risa.

 

te leía como si no importara

como si tus palabras no sirvieran ya para nada

porque ya no servían para nada porque había decidido que ya no servirían para nada

absolutamente para nada.

tus palabras tu sonrisa tu risa

todo murió cuando dejé morir mi alma

para que la tuya desplegara sus alas de nuevo.

 

te pido perdón porque no he tenido fuerza suficiente

para darte más que un cuerpo sin alma

para darte solo un cuerpo que no sabe ya disfrutar

para darte

nada y todo

te pido perdón porque el amor no fue suficiente

lo intenté pero no fue suficiente

 

espero que te reconozcas en estas palabras

en esta desesperación de un alma muerta que espera

día a día que su cuerpo muera también

y descansar solo descansar

 

Poema que surgió de este micro relato, que escribí con sus signos, sus mayúsculas…:

 

TE PIDO PERDÓN (© Irene Muñoz Serrulla)

 

Aunque puede que no lo entiendas, o que ni siquiera sepas que te lo pido a ti…

Porque dejé morir mi alma y solo entregué el cuerpo a esta vida que nunca quise. Porque un mañana desperté con un agotamiento absoluto del que jamas me recuperé.

Todos los esfuerzos por recuperar a aquella persona que fui fueron estériles. Aquella sonrisa, aquella vitalidad, aquellas ganas de levantarme tras cada caída. Aquella persona que fui ya no se recuperó nunca. Quizá fueron las enfermedades ocultas del cuerpo… quizá las del alma… quizá esta cabeza no quería volver a recuperar a aquella persona. Cómo saberlo ahora.

Y llegó un día agotador desde el despertar. E intenté seguir adelante, pero algo cambió. Y al día siguiente lo mismo, y al tercero igual… Y supe que te estaba destruyendo. Y no pude más. Y dejé morir mi alma por salvar la tuya. Por dejar vivir tu sonrisa, por tus ojos inteligentes llenos de interés, llenos de travesuras.

Te pido perdón porque dejé que tus intentos murieran antes de llegar. Porque tus mensajes, acicates tantas tardes, ya no tenían mi permiso para despertarme de este letargo de mi alma que no supe ahogar en tu sonrisa ni en tu risa.

Te leía como si no importara, como si tus palabras no sirvieran ya para nada, porque ya no servían para nada. Porque había decidido que ya no servirían para nada, absolutamente para nada. Tus palabras. Tu sonrisa. Tu risa. Todo murió cuando dejé morir mi alma para que la tuya desplegara sus alas de nuevo.

Te pido perdón porque no he tenido fuerza suficiente para darte más que un cuerpo sin alma. Para darte solo un cuerpo que no sabe ya disfrutar. Para darte… nada y todo. Te pido perdón, porque el amor no fue suficiente, lo intenté, pero no fue suficiente.

Espero que te reconozcas en estas palabras, en esta desesperación de un alma muerta que espera día a día que su cuerpo muera también. Y descansar. Solo descansar.

(Relato incluido en el libro «39 patrañas vesánicas», Donbuk Editorial, www.donbuk.com).