¿Prestar libros?

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¿Por qué parece ser una obligación eso de prestar tus libros a otras personas? ¿Es que no tenéis ningún aprecio por vuestros libros? ¿Cuántos libros habéis prestado y no los habéis vuelto a ver más que en las librerías?

Exacto, no me gusta prestar libros. Cuando un libro es parte de mi biblioteca personal… comienza una historia de amor u odio, según cada caso. Cuando compro un libro, es como si realmente acabara de adquirir un inmenso tesoro. Y es que lo es. ¿Cuántas horas habrán pasado escribiendo ese libro? ¿Cuántas vivencias habrán sido necesarias para llegar a crear lo que yo puedo leer? ¿Cuánto esfuerzo de todo el equipo que hay detrás de la publicación de un libro? ¿Cuánto cariño y cuidado depositado en ese libro, específicamente en ese libro que acabo de comprar, habrán invertido? De verdad creéis que puedo prestar un libro con la inmensa responsabilidad que significa haberlo adquirido. No. No puedo. Lo que pasa cuando tengo ese libro en mis manos es el inicio de una relación que no quiero compartir con nadie, absolutamente con nadie. El proceso de aprendizaje, de sumergirme en la lectura, de descubrir las historias que han creado para que yo las lea… no puedo ser infiel a tanto esfuerzo y trabajo. Ese libro estaba elegido para mí. No hay duda.

Pero tampoco puedo leer un libro prestado. Ni trabajar sobre un libro cedido para hacer ese trabajo (traducción principalmente). Si quiero un libro, si lo necesito, lo compro. Ni de bibliotecas lo puedo leer. Es lo mismo, un libro que me presten estará lleno de la historia de la persona que lo compró en su momento (en una biblioteca debe haber más historias que gotas de agua en el mar, como para asumir tantas historias y tener que respetarlas estoy yo…).

Es así de sencillo, cuando leo… imagino, siento, pienso… y todo eso, de alguna forma, se queda en el libro. ¿Cómo prestar tanta intimidad sin saber qué cuidados van a darle a mi vida durante esas páginas?

Me han llegado a decir que soy única para transmitir cultura o para permitir que esta se transmita. Pues puede que no sea la mejor si esto se mide por la cantidad de libros que presto. Pero… ¿qué sería de las editoriales y de las librerías si todos prestáramos los libros y pocos los compraran? Precisamente eso, bajarían los cierres para siempre. Así que si lo miráis desde ese punto de vista lo que estoy haciendo es contribuir a que el sector editorial y de venta de libros permanezca en pie. Si todos hiciéramos lo mismo que yo, seguro que llegábamos a provocar un colapso que llevara a la bajada de los precios de los libros  🙂 .

No voy a ser yo quien diga que el libro no está caro. Y tampoco voy a caer en simplificar el tema, porque aquí entran cuestiones más allá del simple precio de un libro para valorar lo alto o bajo que es. Pero… qué pasaría si en nuestra educación, desde pequeños, se inculcará la necesidad de leer (necesidad, sí, creo que se trata de una necesidad del ser humano). Igual que ahora parece una necesidad que los niños tengan un teléfono móvil para que los padres los tengan “localizados” (mis padres no me instalaron un detector de localización y sabían dónde estaba, incluso con quién; pero puede que mis padres, y los de su generación, tuvieran todos poderes especiales, porque sabían casi con total exactitud dónde había estado aunque no se lo hubiera dicho… pero esa es otra cuestión), y con esos teléfonos se puedan comunicar con amigos, jugar, ¿estudiar?… ¿Y si fuera igual de necesario que todos los meses leyeran un par de libros? ¡¡¡Oh Dios mío!!! ¡¡¡Qué barbaridad!!! ¡¡¡Leer por placer cuando se es infante!!! En serio, ¿es tan descabellado pensar en una sociedad que se moviera con libros en las manos o en los bolsos, mochilas… en lugar de con teléfonos móviles?

La respuesta es sí. Porque leer nos va ayudando a moldear nuestra orientación cultural, nuestra necesidad de saber más, nuestro interés por conocer, nuestra capacidad de pensar, de decidir (acertar o no ya es otro tema, no vamos a ser adivinos por leer). Y, en el fondo, esta nuestra sociedad no está preparada, creo yo, para arriesgarse al cien por cien, es mejor dejar que nos digan por dónde ir y criticar hasta la extenuación cuando el final del camino no es el deseado. Hay casos aislados que optan por tomar decisiones propias, no las preinstauradas, o sí, pero tomando la decisión de que ese es el camino que se desea elegir. Locos, insensatos, creídos, así se nos llama a veces.

Hay que leer.

Hay que leer.

Es que es muy difícil vivir sin leer.

¿Os acordáis de La bola de cristal? Unos sí y otros no. Lógico. Os dejo uno de los momentos que más claramente recuerdo de aquel programa: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-bola-de-cristal/bola-cristal-si-no-quieres-ser-como-estos-lee/646035/

Por favor, ¡LEED!

(Y no me pidáis que os preste un libro).

Irene.